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La ciudad que nunca fue

Estrategias para la gestión de paisajes urbanos en transición
Christopher Marcinkoski

”El exceso de espacio proporciona nuevas posibilidades. La falta de opciones a largo plazo para transformarlo se sustituye con actividades efímeras para los residentes con pocos recursos que invertir. Las propuestas trabajan sobre usos y formas de cooperación, favorecen la interacción social y proporcionan un nuevo significado cultural al lugar. No todos los espacios nos interesan por igual, y algunas de las intervenciones son de carácter temporal. En cualquier caso, se trata a menudo de las semillas para futuras intervenciones a largo plazo.” - Phillipp Oswalt, Shrinking Cities: Vol.2.

Resulta extraño asociar la difícil condición post-industrial de ciudades como Detroit, Manchester o Leipzig con una metrópolis global y cosmopolita como Madrid. Sin embargo, desde el otoño de 2008, tanto Madrid como el resto de España se enfrentan a un gigantesco excedente inmobiliario desocupado, fruto de casi dos décadas de especulación desenfrenada, propiciada por el crédito fácil, y que sufrió un brusco parón a partir del colapso financiero de ese año (+/+/+). El resultado es una gran cantidad de extensos territorios, urbanizados a medias, desocupados, situados tanto en las afueras de Madrid como en nuevas ciudades domritorio más alejadas. Dichos territorios carecen de la población o financiación mínimas para ser ocupados o siquiera mantenidos. Con frecuencia observamos, diseminados en el paisaje, restos de cimentaciones, vías de tren o parques públicos, incompletos o abandonados, que revelan, como composiciones circulares sobre campos de cereales, la presencia de ensayos de ocupación del paisaje ibérico.

En un contexto en que el discurso disciplinar sobre el triunfo de la ciudad y el imparable aumento de la población urbana es casi universal, surge la necesidad de desarrollar estrategias efectivas y flexibles para resolver el urbanismo de transición (urbanización en proceso, urbanización en declive o urbanización en pausa) en Europa, Norteamérica y en países emergentes como China, India o Brasil. Basta con echar un vistazo a los desarrollos nunca ocupados en el centro y el oeste de China, o a la expansión desmedida en el Sun Belt estadounidense, para darse cuenta de que a pesar de las buenas (o malas) intenciones, el análisis demográfico y económico y la calidad del planeamiento o el diseño, el urbanismo en general y el negocio inmobiliario en particular son actividades especulativas que precisan de estrategias provisionales para lograr el éxito a largo plazo.

La condición de vacío y abandono en ciudades de Norteamérica y Eurpa se conoce habitualmente con el término Shrinking City en referencia a la redución de los sectores industrial y manufacturero durante la segunda mitad del siglo XX. Esta situación derivó en la desaparición de la poblacion y los ingresos económicos asociados. Sin ellos, mantener las infraestructuras cívicas y urbanas de estas áreas metropolitanas no es posible.

En España, sin embargo, ls territorios vacíos sobre los que trabajamos nunca llegaron a ocuparse del todo, es decir, nunca llegaron a existir desde un punto de vista urbano. De modo que, al contrario que en otras ciudades de Europa o Norteamérica, que sí funcionaron en algun momento, en España estos lugares desconocen cualquier éxito urbanístico o logro cívico previo del que arrancar lecciones para el futuro. Conocidos como ciudades fantasma, estos desarrollos inacabados deberían quizás ser conocidos como las ciudades y pueblos que nunca fueron.

Tras esta distinción, cabe plantearse qué estrategias o enfoques compraten ambos contextos por muy istintos que sean sus orígenes. Los desarrollos españoles aparecieron mucho más rápido que los territorios postindustriales abandonados,  son fruto de circunstancias económicas, sociales y urbanas muy dispares. Aún así, es posible afirmar que tanto los ensanches españoles como las shrinking cities de Norteamérica y Europa se enfrentan a retos similares. Por este motivo, hay espacio para un discurso común. En este sentido, ambos contextos se enfrentan a:

1. Mantener y reutilizar infraestructuras urbanas sobredimensionadas y pensadas para una población que nunca las usará.

2. Manzanas vacías junto a instalaciones completadas que sólo sirven para exacerbar la percepción de fracaso y abandono.

3. La ocupación con un uso fundamentalmente residencial, por lo que el territorio permanece vacío casi todo el día.

4. Una superabundancia de espacios residuales en torno a las redes de transporte.

5. La fragmentación ecológica y degradación medioambiental que siguieron a la destrucción de la flora y la fauna originales, la compactación del terreno previa a la construcción y la impermeabilización sistemática de grandes sectores de los ensanches.